jueves, 21 de abril de 2016

Crux

Algunas mañanas me santiguo por inercia,
si veo que el gris es el color del día,
y aunque me vale cualquier creencia
no pienso que tenga alguna salida.

Me persigno porque así me enseñaron,
aunque podría raparme y vivir en el Tibet.
Esto no es cosa de moros y cristianos,
es cosa de saber cuando redimirme.

Si hacerme una cruz en la cara,
en mejor persona me conviertiera,
con un cuchillo de hoja afilada
me cortaría de la frente a la barbilla,
y de oreja a oreja.

Pero, ¿quién nos juzga desde arriba?
¿Por qué no me para cuando grito?
Se ríe en su insólito palacio,
esperando que la caguemos los proscritos.

Si un día bajas, si nos muestras tu grandeza,
pienso echarte en cara las maravillas
con las que pasamos ahogados meses
entre todos los colores de la naturaleza.

Baje, Dios, aquí lo esperamos.
Tenemos cuchillos en los dientes,
y garras para clavarnos, para agarrarnos
en cualquier impresentable
que nos diga a qué aferrarnos.

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